Torres atalaya

Durante la última etapa del reino nazarí de Granada, Íllora se situaba en la frontera entre árabes y cristianos. Para la vigilancia de esta frontera, los nazaríes crearon una compleja red de torres, que se extendía a lo largo de la misma y también en ejes hacia la capital, con el fin de vigilar los movimientos de las tropas cristianas y transmitir rápidamente la información, bien usando fuego o bien por espejos.

Estas torres pueden dividirse en dos grupos: Las atalayas, con funciones exclusivas de vigilancia y control de territorio apoyando a una fortaleza o ciudad, y las torres de alquería, ligadas a una o más localidades, y que servirían como punto de refugio y defensa de la población campesina. Dada la importancia defensiva de Íllora y su fortaleza, en su entorno había un destacado número de torres, incluso una (la torre del Morrón) situada en la cima de la sierra de Parapanda (1.604 m de altitud). La explotación del terreno y la falta de conservación ha hecho que la mayoría de estas torres hayan desaparecido. Entre los restos conservados hemos de destacar: Torre de la Mesa o de la Cuesta Situada a 4 km de Íllora, cerca de la Sierra de Madrid, a una altura de 926 m. De planta circular y construcción maciza en mampostería. En el coronamiento actual, con una altura conservada de 6,90 m, quedan restos del pavimento original. Torre de la Encantada Situada a 2 km de Brácana y a 3 km de Tocón, tiene planta octogonal, con una media de 2 m de lado y 4,1 de altura máxima. Presenta una sistema de habitaciones abovedadas. Sólo mantiene 3,2 m de altura máxima. Junto a ella se encuentran restos de un asentamiento romano. Con una altura de 639 m, controlaba una amplia franja en dirección a Loja y a Alomartes, manteniendo visión directa con las torres de Tocón y del Morrón. Torre de Tocón Esta torre árabe presenta como peculiaridad el encontrarse dentro del casco urbano de esta localidad por una parte y por otro lado estar integrada en una vivienda en el centro del pueblo.